chati

Cuenta la historia que cantaba el gallo cuando por fin nació. Su madre le miró largamente, aún dolorida, le abrazó fuerte y con ese saber especial que sólo tienen las madres dijo: ” hijo, en éste caso, el tamaño no importa, lo fundamental es lo que llevas dentro y con semejante volumen algo interesante traerás… sólo tenemos que esperar y ver que es lo que escondes en semejante sesera…”

El pareció entenderla, le devolvió una preciosa sonrisa azul y de algún lugar salió ese sonido tan parecido a un trino que le haría tan peculiar entre sus amigos…

Observador y reservado creció, de vez en cuando su forma especial de hacer las cosas dejaba perplejos a los que le acompañaban, algo que le hizo crearse una armadura de guerrero y encerrarse cada vez un poco más… la adolescencia no hizo más que acrecentar la evidencia, esos gorgoritos cada día eran más difíciles de esconder y la cabeza siguió destacando de su cuerpo a pesar de las esperanzas concedidas por el médico…

Un día de esos, en los que pájaros negros revoloteaban por su tremenda calabaza, el niño tropezó y tras varios encontronazos con lo que se le cruzó por el camino, dió con la testa en el duro suelo… Tras instantes de incertidumbre, la cabeza crujió y de su interior empezaron a surgir preciosos pájaros de colores que se mezclaban con los asombrados pájaros negros, y en su confusión se impregnaban de la luminosidad de aquellos extraños pájaros cerebrales…

El espectáculo fascinó a todos los presentes que en un gesto espontáneo de admiración se decidieron a ayudar a levantar al niño, que debía de pesar mil toneladas a causa de su fantástica armadura…

El calor de sentirse aceptado fue una de las razones por las que el pequeño guerrero empezó a quitarse la pesada coraza, y dejar que los pájaros anidaran o salieran a mezclar sus colores cuando les apeteciera…

Y colorín colorado este cuento no ha acabado ;)